La cuadratura de El Círculo de Kase.O (I)

La cuadratura de El Círculo de Kase.O (I)

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Por Ramón Soneira

El problema matemático de la cuadratura del círculo es un ejercicio lógico-matemático planteado desde la antigüedad con pensadores como Antifonte o Hipias en el s.V a.C. que, debido a su complejidad, ha estado vigente hasta el s.XIX. Podemos definirlo, sin entrar en muchos detalles, como un problema irresoluble de geometría que consiste en elaborar, tan solo con regla y compás, un cuadrado cuya área sea igual a la de un círculo dado mediante repeticiones sucesivas. La primera pregunta es obligada ¿qué tiene que ver este problema irresoluble con el álbum El Círculo de Kase.O? Al igual que el problema de la cuadratura del círculo, la interpretación de un disco tan complejo y elaborado como el que vamos a analizar en estas líneas solo se puede conseguir mediante reproducciones sucesivas, aun a sabiendas, de que es un proceso irresoluble, de miles de respuestas posibles. Es decir, el análisis que vamos a ver aquí no es el único, ni siquiera es el que Javier Ibarra le habrá dado a su álbum. Simplemente es una relación de elementos que aparecen en sus letras influenciadas por la filosofía, la espiritualidad y la historia demostrando lo maravillosa y compleja que es la lírica en este disco.

No va a ser por tanto un análisis, por decirlo así, musical o instrumental, sino que nos centraremos sobre todo en sus letras. El objetivo es identificar una serie de ítems que se encuentran a lo largo del disco en diferentes canciones. Kase.O se presenta en El Círculo como un chamán, un chamán profético que apela a sus capacidades músico-religiosas para desarrollar un mensaje basado en el amor (concepto de clara influencia cristiana) mediante un análisis reflexivo de la persona. Reflexiones de sí mismo que están presentes a lo largo de su disco, concretamente en Triste, Guapo Tarde y Basureta (Tiempos Raros). Esta capacidad chamánica y reflexiva recuerda a uno de los pensadores más interesantes y polifacéticos de la Antigua Grecia: Empédocles.

Empédocles, natural de Agrigento (Sicilia), desarrolla su vida en la primera mitad del siglo V a.C. Su obra es tan diversa que su dedicación trasciende las distintas temáticas desde las puramente científicas como la física, la medicina o la biología hasta la filosofía metafísica y la ontología del Ser desarrollando paralelamente una importante carrera política. Su pensamiento está, además, impregnado de referencias a las religiones mistéricas como el orfismo o el pitagorismo e incluso se le ha llegado a comparar con un chamán debido a referencias de ritos mágico-religiosos que practicaba como la necromancia, capacidad que le hacía comunicarse con los muertos[1]. El propio Empédocles dice lo siguiente:

“De cuantos remedios hay para los males y resguardo para la vejez te informarás, porque para ti solo realizaré yo todo esto. Apaciguarás la furia de los infatigables vientos, que sobre la tierra se agitan y destruyen con sus soplos los campos cultivados. Y aún, si quieres, dirigirás sus soplos en sentido favorable; y colocarás después de la lluvia sombría una sequía oportuna para los hombres, y después de la sequía estival dispondrás las corrientes que nutren a los árboles y que irrigan el éter, y retornarás del Hades el vigor de un hombre muerto.”[2]

Se trata por tanto de la imagen del erudito antiguo, alquimista, propietario de un capital de conocimiento que no todo el mundo puede poseer. Es bajo mi punto de vista, una imagen que Kase explota a la hora de presentar su figura profética, incluso chamánica. La canción que más ilustra dicha presentación es, sin ninguna duda, Yemen. En este track, el cantante se define incluso por encima de los dioses Olímpicos, se eleva por encima de su destrucción. Es curioso que el propio Empédocles, se veía asi mismo por encima de los hombres mortales, en todo, desgraciados[3], es decir, se equipara a un dios, competidor con los propios dioses. Kase en este caso da un paso más, no se iguala a ellos, sino que los destruye. Igualmente, habla de su música, de su canción, como si fuese un té de palabras aromáticas, una especie de brebaje curativo que recuerda a esa sabiduría chamánica y mágica de las religiones étnicas.

Se construye una relación muy interesante entre la letra, la palabra, y su poder mágico y curativo que no solo está presente en Yemen, sino también en el Interludio Quieren Copiar, en el verso mi letra es receta mágica (min. 0:15). En el fondo Kase, como chamán, como alquimista o sabio, presenta su poder a través de la música y del rap. Incluso en Pavos Reales afirma el gran poder que posee y que aún no hemos podido contemplar en su grandeza (min. 0:48). Sin embargo, el gran parecido entre Empédocles y Kase.O puede apreciarse en el viaje metafísico que se narra en Repartiendo Arte. Veámoslo.

La canción Repartiendo Arte debemos entenderla bajo el prisma de Kase como chamán, como ser por encima de los dioses que es capaz de viajar a realidades distintas y observar lo que el resto de mortales no podemos. Desde esa posición poderosa, Kase describe un viaje que le lleva a observar el proceso de construcción de todas las cosas del universo, se transporta al origen del que todos los caminos salen y al que se dirigen del cual hay mucho mito. Un origen que es además circular, no solo es el principio sino que es también el final. Solo ese verso, ya nos está describiendo el pensamiento que subyace en la ontología griega cuando se describe el origen de las cosas, como veremos. Nada existe ex nihilo, es decir, nada puede existir desde la nada sino que es una infinita cadena de causas y efectos, de causas y consecuencias. En la propia canción, Kase vive en primera persona el giro circular. En el inicio del viaje toma una dirección, pero a punto de acabar la canción: ¡Espera! Porque se me llevan, la dirección se invierte y ahora el mismo camino se desarrolla en la dirección inversa, como se puede ver en el propio videoclip. De hecho, debido a ese giro brusco, el hilo con el cual Kase está atado a la realidad, a nuestra realidad, se rompe, justo después del último estribillo quedándose atrapado en ese cosmos cuyo tiempo y espacio es informe, es relativo, para siempre. Un hecho que se demuestra cuando el coro, un elemento muy importante en la dramaturgia griega, le pregunta cuánto dura un siempre, a lo que Kase no sabe responder. La indefinición cuantitativa del tiempo demuestra la infinitud del espacio al que se refiere el cantante.

Pero detengámonos en los detalles de ese viaje. Este cosmos metafísico, región de la que todo emana, se presenta como un lugar en el que la materia se encuentra en una forma indefinida y que es gracias a la perfección musical de un gigante arquitecto lo que provoca que lo abstracto vaya tomando forma, elaborando múltiples universos entre el choque de los elementos. Simplemente en este pasaje hay influencia no sólo de Empédocles, como veremos, sino incluso con el propio Platón. Es casi imposible no advertir la semejanza que existe entre el “gigante arquitecto” que da forma a la materia incierta con el Δημιουργός (Demiurgo) que se describe en el diálogo platónico Timeo. Sin embargo, debemos volver a Empédocles para observar cómo se construye ese espacio indefinido que relata Kase. Después del segundo estribillo, se describe esa región de materia no formada como lo poético, lo supra-estético, lo macro-cromático y lo no-animal. Origen de datos matemáticos y del arte, origen de la perfección, en resumen, un mundo de las Ideas al estilo platónico, residencia de la esencia. Pero, hay que añadirle dos versos cuya interpretación permite tejer un eje que recorre todo el disco y es donde podemos observar la clara influencia empedocléa. Se trata de los versos:

“forma que forma las formas, de lo físico

norma que anula las normas, de lo rígido”

(Repartiendo Arte, min. 2:16)

En estos dos versos se define una forma, una norma, que destruye esa materia incierta y le dota de realidad concreta. Una fuerza, podríamos decir, que construye los elementos de la realidad mediante la elaboración de su forma rompiendo la rigidez de la materia indefinida. Esa fuerza es, ni más ni menos, que el Odio, la Discordia. Y es aquí donde volvemos a Empédocles. Para el filósofo, la materia incierta se configura en una Esfera (Σφαιρός)[4] en la que toda la materia del universo esta unida, sin formas inteligibles, gracias a una fuerza universal el Amor, la Amistad, que reina sobre la materia. Sin embargo, el reinado del Amor fenece y triunfa por encima de este el Odio, provocando que los elementos que hasta ahora estaban unidos, se separen, se dejen de atraer, originando así las formas concretas de la materia física, de lo físico[5]. Pierde su rigidez y explota en miles de formas, en el caso de la canción en números (elemento pitagórico). Se trata además de un proceso constante y cíclico. Nuestra existencia es tan solo un momento concreto de un proceso que ha sucedido y volverá a suceder. Nos encontramos en una especie de impasse en la lucha entre el Amor y el Odio pudiendo observar en nuestra realidad acontecimientos provocados por uno y por otro.

Precisamente, el cambio de dominio es el proceso que vive en primera persona Kase O. Él se encuentra justo en el centro de esa Esfera en el momento en el que el Odio empieza a dominar al Amor y provoca la ruptura de su hilo quedándose atrapado en ese espacio incierto. El Odio triunfa sobre el Amor y se generan las formas de la realidad. Además, la única canción en la que aparece el verbo “odiar” en todo el disco es justo la siguiente a Repartiendo Arte, el tema de Basureta (Tiempos Raros), concretamente cuando dice odio a uno mismo y al sistema de creencias (min. 0:44) y sabiendo que el tiempo que gasté en odiarme no me sirve (min. 4:25). Ambos versos se encuentran en la misma canción, uno en el inicio y otro casi al final. De hecho, casi toda la canción narra una situación dominada por el odio, el odio hacia uno mismo que emerge ante un acto reflexivo de sí mismo. En esta canción hay una absoluta falta referencial al amor y, sin embargo, hay un triunfo total del odio que nos devuelve a esa disolución de la Esfera que veíamos anteriormente. Ante todo ello, ¿qué propone Kase.O? La victoria del Amor como fuerza generadora de valores positivos. Una idea que está vigente a lo largo de todo el disco y que se configura de distintas formas, como veremos.


[1] Dodds, E.R., 1951, Los griegos y lo irracional, Madrid: Alianza, 20147, pp.142-143.

[2] DK 31, B111. Traducción extraída de Los filósofos presocráticos II, Madrid: Ed.Gredos, 1985, pp.141-142.

[3] DK 31, B113. Traducción extraída de Ibíd., p. 140.

[4] DK 31, B27, B28 y B29.

[5] DK 31, B16.

Ramón Soneria, @Soneira93


 

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